La militarización reciente y el golpe de Estado en Honduras

Si bien es cierto que la dominación de los Estados Unidos en la región tiene una historia larga y asociada con distintos episodios de violación de la autodeterminación de los pueblos; resulta también importante entender cómo es que esta dominación se actualiza y reconfigura en la actualidad.

En el presente, la región es percibida por los Estados Unidos de una manera diferente a la que podíamos encontrar en los años de su expansión territorial inicial o bien; durante buena parte del siglo XX en el contexto de la Guerra Fría. Para ello es importante aproximarnos a la manera como Estados Unidos desarrolla una estrategia que no se limita a un “área de influencia”, sino a lo que, en términos del lenguaje militar del Departamento de Defensa de los Estados Unidos se define como “dominación de espectro completo”, es decir “la capacidad de las fuerzas de EE.UU., que operan de manera unilateral o en combinación con socios multinacionales e interinstitucionales, para derrotar a cualquier adversario y controlar cualquier situación en toda la gama de operaciones militares” (JCS,2000:6). Se trata entonces de un tipo de dominación que abarca diversos ámbitos; incluye el desarrollo de capacidades de disuasión y confrontación bélicas, pero también de intervenir en situaciones “ambiguas” que residen entre la paz y la guerra como son el mantenimiento de la paz e incluso operaciones de imposición de la paz. Adicionalmente “dominación de espectro completo” quiere decir tener acceso y libertad para operar en todos los ámbitos físicos -el espacio, mar, tierra, aire; pero de manera muy importante en el terreno de la información. Se trata pues, en la retórica militar contemporánea de los Estados Unidos, de asegurar la victoria en todos los frentes y en todo momento. En cuanto a los enemigos a derrotar éstos se vuelven difusos y en ocasiones creados por los propios estrategas militares norteamericanos. Aún con todo, el poder militar, mediático y económico que se invierte en obtener esa “victoria” no asegura la ausencia de dificultades, bajas humanas, y ni siquiera enfrentamientos menos sangrientos (JCS, 2000:6).